No sé cómo más empezar a contar esta historia, si no es diciendo, que esta mañana he comprado boletos para ir a Ecuador.  No he podido contener las lágrimas luego de ingresar los números del plástico mágico y aplastar el botón de comprar. Llamo a mi marido a contarle, y él, al otro lado del teléfono sabe que llorar, por las razones que fueran, se me da fácil. Con la voz entrecortada le digo que el pago de los pasajes ha sido procesado.  “Llora nomás” me responde, contagiándose de mi alegría.

He pasado meses en una lucha interna conmigo misma, debatiendo si ir o no a mi país. Qué susto, cuánta inseguridad, qué pereza. Y es que nunca encuentro el momento perfecto.  Por eso me sorprendo con mi reacción lacrimógena. Inmediatamente aviso a todos vía chat, diciendo: “La cabra tira pal monte, voy a Guayaquil”.

Entre esos grupos está el de mis brujas, mis amigas de la universidad.  Con ellas tenemos meses planeando encuentros que parecen no llegar. Y son, evidentemente las primeras en poner fecha y hora. Me he preguntado últimamente en qué momento una amistad se vuelve hermandad. Nos ponemos de acuerdo: un día cangrejos, otro día arroz con menestra. Indiscutiblemente desayuno en La Palma, que lleva ahí más de 100 años y es tradición en la ciudad y en nuestra amistad, sin duda de los que más añoro y a donde siempre me encanta volver.  De comer, un festín, entre dulce y salado que incluye pastelitos de hojaldre rellenos de carne con harto limón, huevos, jugo de frutas, borrachitos, bolitas de chocolate (las favoritas) y café recién pasado. El lugar ha sido testigo de nuestras sonoras carcajadas, conversaciones profundas, chismes banales, testimonios de amor y desamor, anécdotas de otros tiempos y todo tipo de disertaciones y análisis que hemos hecho de nuestras vidas.  Cuantas historias se pueden dejar en un determinado espacio.

Extraño a mis amigas, digo, su presencia física y su proximidad, porque de todos modos ellas, a la distancia, siempre están: María del Carmen con sus risas y su infinita lealtad, Alexandra con su eterna sabiduría, Janine con su gracia y complicidad, Cinthya con todas sus aventuras e historias. Diana, que es mi amiga de toda la vida, mi hermana del alma. Fanny con su alegría y honestidad. Isabel, que me presentó al amor de mi vida. Mafer, que es fuerte y luchadora, y Wendy, una mujer y madre ejemplar. Soy afortunada de tenerlas en mi vida, de aprender de ellas.

En la vida hay una verdad inegable: la permanencia de la propia tierra y los afectos, aunque estos cambien, evolucionen o se transformen. Aunque yo misma ya no esté… Como siempre, cuento los días para volver.

4 responses to “De júbilo y nostalgias”

  1. Andre Jaramillo Avatar
    Andre Jaramillo

    nada como las amigas de siempre. Buen viaje Wale

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    1. Waleska Willson Avatar

      Gracias Andre!!!! Fuertes abrazos

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  2. Hilda Avatar
    Hilda

    espero me des cita para verte y abrazarte 🌹

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    1. Waleska Willson Avatar

      Por supuesto que si tía querida! Abrazos

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4 thoughts on “De júbilo y nostalgias

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