El 2019 empezó con muchísimo drama familiar. Mala forma de empezar el año.  Ya venía desde hacía mucho tiempo cargando una nube negra en mi cabeza y en mi corazón que había estado ignorando.  Un par de meses antes había aterrizado en el hospital, según yo infartada, pero no eran más que mis viejos ataques de pánico, erradicados hacia más de 13 años, haciéndome una visita que duraría por meses, desestabilizándome en todas las formas posibles.  Aun así, el día de año nuevo logre sentarme a escribir un par de propósitos lo mas sencillos posibles.  ¿Quién en ese estado podría tener fuerzas para hacer cambios trascendentales, cuando apenas tenía fuerzas para sobrevivir?

Para marzo estaba tumbada en una cama, incapaz de cuidarme a mi misma, menos a mi casa y a mi familia. Esta sensación de descontrol total me estaba matando. Mi ansiedad me tenía literalmente enferma: sentía que no podía respirar, tenía esa sensación de ahogo permanente, tenía taquicardias, no podía tragar porque sentía que me atoraba, cuando manejaba por la ciudad tenia que eventualmente detenerme para respirar, hiperventilaba, porque sentía que en cualquier momento me podía desmayar; además tenía múltiples dolores por aquí y por allá.  Extrañaba muchísimo mi antigua vida, mi familia, mis amigos, mi lugar seguro.  La nueva vida que había escogido parecía un camino hacia ningún lado.  Recuerdo claramente una noche tumbada en el piso llorando descontroladamente, diciéndole a mi esposo: “me siento como que vivo permanentemente debajo del agua, y que saco la cabeza para tomar sorbos de aire, ya no puedo seguir viviendo así”. 

Empecé a buscar ayuda medica sin mucha suerte.  Tenía a Doctores prescribiéndome alocadas cantidades de antidepresivos y ansiolíticos.   Aun cuando reconozco que esta vía es una respuesta para muchísimas personas, no era la ruta que yo quería tomar.  Sabía que había algo más profundo que debía sanar.  En esos meses iba todas las semanas a la “walk-in clinic” a que me chequeen si no me estaba muriendo.  La prescripción siempre era la misma.  Decepcionada, decidí usar nuestros ahorros para buscar ayuda privada.  Mi nueva y carísima doctora integral abrió las puertas a un camino de sanación.  Además de lo que ya sabíamos, ella sugirió hacer un completo análisis hormonal para descubrir si había algún desbalance por ese lado, que estuviera alimentando el fuego de la depresión.  La doctora Corey ayudó a sostenerme durante esos días y a darme una luz de esperanza, mientras además afuera vivíamos el invierno mas frio de los últimos años.

Intenté hablar con mi madre y mis amigas más cercanas. Es difícil entender a alguien que está sufriendo de depresión si no has pasado por ahí o si crees que las dolencias mentales son cosas de gente debilucha y que se pueden arreglar “poniendo de tu parte”. Solo unas poquísimas amigas estuvieron acompañándome en mi pena, unas escuchándome en silencio y sin juzgar y otras ofreciéndome ideas que poco a poco he podido poner en práctica. Y claro, siempre estuvo Andrés ahí, con su paciencia y ofreciéndome como siempre su apoyo y su fe incondicional.

Y de pronto UN MILAGRO.  Recibimos una invitación a Ecuador para participar de un importantísimo evento familiar, el más importante de los últimos años. A finales de abril y en mi tierra, el amor y la calidez de la familia y amigos fueron fuente de energía para emprender el camino de la recuperación.  Además, en Quito, visité a mi terapista de los últimos años, mi maestra y mi guía, quien luego de una larguísima sesión donde no paré de llorar desde que llegué hasta dos horas después de haberme ido, me dijo que quizá haber migrado no había sido la decisión correcta, porque nos estaba causando mucho dolor, y que debíamos contemplar la posibilidad de volver.  Ella fue muy frontal y muy directa cuando lo dijo.  Yo estaba en Shock. La posibilidad de volver no estaba en nuestros planes, pero esas palabras tan duras para mi no hicieron mas que abrirme los ojos y replantear mi vida en Canadá. 

De vuelta a mi casa me contacté nuevamente con ella y le pedí que me atienda online, lo cual resulto ser un acierto en todas las formas posibles, Constantemente me he preguntado como dejé que pasara tanto tiempo para hacerle esa petición.  Mientras tanto en Winnipeg, mi incansable búsqueda para encontrar una buena doctora de cabecera que me atienda como yo necesitaba dio frutos. Gracias a la recomendación de Dr. Corey, llegué al consultorio de Parusia en un mar de lágrimas, que era mi estado normal de ese entonces.  Con la paciencia de una Santa y luego de un montón de exámenes y estudios, mi nueva enfermera familiar me ha diagnosticado total salud. Hasta hace unos meses temía mucho por mi salud. Temía enfermarme de la pena, tenía pavor de morirme, de enfermarme de cáncer.  Desarrolle algo que acá le llaman health anxiety, sentía que en cualquier momento podía desaparecer. Como era de imaginarse, todos los males y dolores que me aquejaban no eran más que mi cuerpo somatizando la tristeza y la ansiedad.  Parusia sin dudarlo en absoluto, me prescribió algo que nadie más había hecho: hacer “cambios en mi estilo de vida”. Además, había llegado la primavera.

Tomamos también la decisión de llevar a terapia a mi hija mayor, que empezaba a mostrar síntomas preocupantes.  Un día llorando a los gritos me dijo “solo quiero ser una niña normal” esas palabras me rompieron el corazón.  Ella había sido directamente afectada por todo el cambio, la inestabilidad y la pena que se vivía en casa.  Descubrí en ella mi espejo.  Si yo estaba mal ella estaba mal y si yo estaba bien ella estaba bien.  Ella fue y sigue siendo hoy una motivación importante para cuidarme y sanarme.  Ella ha transitado ese camino, a su manera, paralelamente conmigo y ha sido una compañera fantástica, llena de luz, de paciencia y de amor.

En Julio vivíamos el verano al 100%… el mas lindo hasta entonces, y con el llegaron amigos, paseos y muchas aventuras.  Cada día de aquel verano traía su dosis medicinal. Y con el acompañamiento de mi terapista y de mi enfermera empecé a encontrar las fuerzas para tener energía y ánimos.  Había empezado también a caminar, me compré un mat y empecé a hacer yoga. También retomé la lectura.  Aun así, estaba atravesando otra crisis existencial y era la llegada de mis 40: el adiós a la juventud y el inicio de la mediana edad o de la vida adulta.

Para finales de agosto había perdido a una querida amiga.  Pero también me fui en un viaje que requirió de mucha insistencia y planificación de mi parte y que finalmente logré realizar.  Gracias a que Andrés pidió vacaciones y se quedo en casa cuidando a las hijas, yo celebre mis 40 años con mis amigas de toda la vida, en España. Fueron pocos, pero emotivos días. Llenos de risas y de energía femenina. Esos días me reiteraron que  a pesar del tiempo, la distancia y las tonterías, los afectos perduran en el corazón.

Empezamos septiembre y mis hijas entraban a un nuevo colegio.  Felicia además empezaba el Kindergarten, lo cual me daría un poco más de tiempo libre para atender mis asuntos personales y a mi familia.  En mi angustia de pensar que debía empezar a trabajar para ayudar a la economía familiar, recibí luces de mis más cercanos (empezando por Andrés) apoyándome con que tomara tiempo para mí. Sobre el cambio de escuela, poco a poco hemos podido ver resultados favorables y alentadores.  Fue una gran decisión y hemos visto reacciones muy positivas en las niñas.

En octubre había dejado de llorar casi por completo y los dolores y ahogos habían casi desaparecido.  Seguí adelante con mi terapia.  Milagrosamente me invitaron a un Club de lectura.  Mi nueva perspectiva de vida estaba haciendo que cosas maravillosas sucedieran.  A finales de ese mes recibimos la visita de mi madre que siempre es como un torbellino. Mis hijas y yo la pudimos disfrutar muchísimo y creo que ese viaje la ayudó un poco a distraerse de la pena de haber perdido a una de sus mejores amigas.

En noviembre me metí de lleno en un voluntariado que he realizado durante dos años seguidos.  El trabajo fue durísimo, además empecé con un equipo de tres y para el final del proyecto quedábamos una (yo) y media (alguien que me ayudaba remotamente desde su casa).  Tenía que recaudar fondos para una organización sin fines de lucro a través de una rifa, de la cual me encargue totalmente, desde conseguir los premios, hasta vender por completo los mil boletos impresos, cosa que sucedería por primera vez en los seis años que se lleva realizando dicho evento.  Y todo esto con mi ingles mocho!  Por estos días también empezaba mi terapia grupal para superar la ansiedad.  Experiencia por demás reveladora y que merece un capítulo aparte.

Con la llegada del invierno, llegó también diciembre y decidí matar al grinch que me habitaba. Adorné la casa y el corazón, hice galletas, cantamos y rezamos y colgué en mi puerta los cascabelas más grandes y escandalosos que encontré. Quería avisarle al mundo entero que por fin me había exorcizado de los demonios que me habitaban. Por primera vez en mucho tiempo compré (gracias a los abuelos y tios) un montón de regalos para las niñas y me encargué de darles una mágica y feliz navidad en todo sentido. Y si que lo fue. Celebramos en familia y también con amigos. Extrañe muchisisisimo a mi familia, pero por primera vez pude celebrar en paz y con alegría la blanca navidad winnipeguense.

Y llegamos a hoy. No quería cerrar el año sin terminar este ansiado proyecto. Son las 4:40 de la tarde y escribo un poco con prisa y un poco con emoción estas palabras que serán la primera entrada de mi blog. Debo terminarlo inmediatamente porque voy a cocinar una muy sencilla y muy calórica cena de fin de año. He pasado reflexionando todo el día en el año que culmina hoy. Un año lleno de muchísima oscuridad desde donde pude ver la luz y la esperanza. Viví días muy negros de los que pensé que no podría salir nunca.

El camino de la sanación no es un camino fácil. Tiene muchas subidas y bajadas. Así como hay momentos en los que avanzo, también hay días en los que retrocedo un motón, pero ahora intento tener conciencia plena de las decisiones que tomo. Estoy aprendiendo a amarme, a mirarme, a escucharme y a tenerme paciencia. El camino de la sanación requiere de mucho, mucho, mucho esfuerzo y trabajo personal. Estoy aprendiendo. Aun no logro ni una pequeña parte de lo que quiero lograr y hay días en los que aún me siento derrotada, pero no me permito quedarme ahí por mucho tiempo. Intento. He aprendido a agradecer por cada cosa que llega y se va de mi vida. He aprendido que ahora es lo único que importa, he aprendido a estar atenta, y estoy intentando aprender a amar sinceramente. Quiero seguir aprendiendo…

Y en todo este año y como siempre, Dios estuvo siempre sosteniéndome y tomándome de la mano…

Un año que empezó terrible y que termina con mucho que agradecer y compromisos grandes que seguir haciendo. Empieza una década de muchas metas aun por cumplir como por ejemplo tomar control de la economía familiar para poder pensar en comprar nuestra primera casa. Soñamos con hacer viajes fabulosos con las niñas.  Poco a poco me digo. En el camino, si Dios quiere, ¡quizá nos convirtamos en canadienses!  Eventualmente tengo que empezar a trabajar, y debo decidir si es que voy a retomar mi carrera. Muchas decisiones que tomar, muchos asuntos a los que ponerles cuidado, pero siempre siendo el bienestar propio y el de mi familia la prioridad.

Si han llegado hasta aquí no me queda mas que agradecerles su tiempo y su lectura. Escribo todas estas historias para la prosperidad, para no olvidar mis penas, mis aventuras y mis alegrías. Y les deseo a todos un muy feliz e iluminado año 2020.

22 thoughts on “Adios 2019

  1. Tan similar y tan diferente. Tan valiente y con tantos miedos. Tan compleja y llena de sencillez. Yo he llorado hoy en la mañana porque sentí que este año 2019 hizo de mi vida lo que quiso, y sí que fue así, se tambien que mañana no será tan diferente.

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  2. Lo bueno y malo de “crecer” es la cabeza q le metes a todo.. intento todos los días disfrutar el hoy y ahora. La terapia del agradecimiento me funciona para estar consciente de ver el vaso medio lleno . La alegria es una decisión diaria!

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  3. Un año duro, pero a tu medida, cuando no has vencido? Cuando has abandonado? .. Nunca. Somos primos por cariño no por sangre, pero ese cariño pesa tanto como la sangre. Detesto haber estado ausente por mis propios líos. Nos debemos millón llamadas y nos debemos otros girasoles. Sigo pendiente de tus locuras y aunque intente sacarte de quicio y no lo logré.. te quiero.

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  4. Me haces cuestionar situaciones internas que no logro identificar, pero que este año deberé establecer como prioridad por atender. Gracias por la calidez, paz y esperanza de tus palabras narrando días tan difíciles. No pierdas la empatía. Te felicito por el blog, te leo, y quizá no siempre comente; pero mi corazón siempre te desea bienestar junto a tu hermosa familia. Feliz año Wale!

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  5. Transparente como siempre. Gracias por compartir tus historias. Seguro son luz para realidades similares. Feliz 2020 🎉

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  6. Me encanta leer lo que escribes! Escribir sana el alma también ! Sigue así pues seré tu fans número uno ! Un abrazo hermosa sobrina !

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  7. Querida Waleska:

    En primer lugar, quiero felicitarte por ser una mujer valiente y guerrera. Me alegra mucho saber que estás en el camino correcto, tratando de tomar las riendas de tu vida; además, me encanta saber que tienes metas, así que en esta que es la de escribir tu blog, seré una de tus fieles seguidoras.

    Nos cuentas que estás interesada en leer y considero que podrías leer a dos autores, que son mis favoritos; pienso que podrían ayudarte en tu proceso. Uno de ellos es Rafael Santandreu, español, ha escrito cuatro libros: Ser feliz en Alaska, Nada es tan terrible, Las Gafas de la felicidad y el Arte de no amargarse la vida. El otro, es Walter Riso, él ha escrito varios libros. También hay videos en Youtube, de los mismos autores, que te podrían servir. Ojalá que te animes a leerlos o escucharlos y si gustas podemos compartir impresiones.

    Te mando un fuerte abrazo y sigue adelante. Recuerda, un día a la vez

    Con mucho afecto,

    Sally

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    1. Muchísimas gracias por sus palabras y por leer las mías. Además por las recomendaciones. Ahora estoy leyendo a Deepak Chopra y sus letras me han dado mucha luz. Me interesa mucho el libro “Ser feliz en Alaska” podría identificarme mucho con esa historia, por lo que vivo en uno de los lugares más fríos del mundo. Lo buscaré y leeré. Muchas gracias por la recomendación. Saludos y abrazos

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